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El viaje por el río Magdalena

Al principio va solo una vaga idea, que hiciéramos un viaje a Colombia, por mi lado estaba un poco escéptico ya que a través de la prensa y del los comentarios se facilita mas la impresión, que en Colombia se encuentra uno en peligro. Con el tiempo se fueron concretado más los planes, especialmente  porque vi unos videos del Hospital de San Martín y así conocí mas de cerca el problema. Entonces tomamos la decisión y compramos tiquetes para viajar a Colombia a principios de febrero del 2007.

Después de 24 horas de viaje y de numerosas escalas, llegamos a Bogotá , la capital de Colombia. Al final logramos comprar un tiquete para Barranquilla ante tantas dificultades, llegando en la madrugada a esta ciudad, con buen clima.En el aeropuerto de Bogotá, me causo mucha impresión los elegantes uniformes de las azafatas, ya que tenían un poncho roja encima de los hombros.  

En Barranquilla comenzó la próxima aventura. Contentos en el taxi, queríamos a última hora relajarnos hasta llegar a casa. El taxista tenía al parecer prisa, ya que conducía a alta velocidad y todos los semáforos en rojos, para él eran verdes. Durante el recorrido, gesticulaba con los brazos de tal forma que aprecia como si no estuviera conduciendo un auto.En los siguientes día, nos preparamos para el viaje a San Martín de Loba e igualmente disfrutamos también del carnaval de Barranquilla.

Barranquilla, se encuentra ubicado en la costa norte de Colombia en el mar caribe, allí se encuentra la desembocadura del rió magdalena, donde su anchura es mas o menos 1 km. En el rió Magdalena hay mucho trafico, como los botes de los pescadores y buques de todas partes del mundo.Según Alexander von Humboldt,     el río Magdalena mide casi 7000 km. desde el interior hasta la costa. Sus libros son muy interesantes  estudiarlos..El martes de carnaval, timbra en la puerta un joven bien vestido, con cara de amanecido por causa del carnaval, pero que durante el viaje mostró ser muy inteligente y astuto y era nada menos y nada mas que nuestro conductor, a quien nosotros llamábamos “Archi”. Este nos llevo sano y salvo hasta nuestro destino. Durante el viaje nos contó mucho de sus experiencias vividas en los diferentes recorridos que ha hecho como conductor de la ambulancia. Su amabilidad era para nuestro grupo como una riqueza.

En un campero cruzamos el sur de Barranquilla, donde la mayoría de la población son de bajos recursos, allí se escucha música salsa  en alto volumen con tanta alegra, que a nosotros también nos contagio. A esa gente se les notaba muy felices con esto a pesar que no tienen con que sostenerse y tienen que luchar día a día para subsistir. Es muy llamativo que a pesar que las calles son un basurero, las personas se encuentran siempre bien vestidas.
Después de atravesar  el Puente Pumarejo, nos encontramos en los límites entre el Departamento del Atlántico y Magdalena donde comienza la Cienaga. Aquí las viviendas son chozas, las cuales la mayor parte pertenecen a los pescadores, quienes  tienen sus canoas en las lagunas que se encuentran en los alrededores.

En esta región se produce sal, en la forma antigua así: El agua del mar entra en depósitos de arena, donde después de un tiempo se condensa el agua, quedando solo una sustancia blanca cristalina, la cual se recoleta, se limpia  y se vende. Este es la forma clásica de reproducción de sal en el mar.



En esta carretera principal, se debe tener cuidado no solamente de la cantidad de vehículos pesados, sino también de los animales exóticos como la iguana que transitan por allí.

 La mayor parte da la mercancía que de Barranquilla se transporta para el interior se hace vía terrestre, por esta causa es frecuente la congestión de trafico.

Poco a poco se cambió el panorama. Entramos a la Zona bananera. Por un lado se veía la  Sierra Nevada con su poca vegetación, y del otro lado los cultivos de bananos, los cuales  están cubiertos con plásticos para protégelos de los insectos. Dos veces al año se recoge la cosecha.

 En esta región, se venden diferentes clase de bananos, como los banano maduros mas pequeños que son exquisitos y dulce y  los más grandes, llamados plátanos, que parecen ser poco dulce. También se consume jugo de frutas naturales, que saben muy bien y son muy digestivos. Aquí se sienta uno al aire libre. Del sol nos protegíamos con una estera de bambú

En cada peaje que nos deteníamos, enseguida éramos rodeados de numerosos vendedores ambulantes, los cuales ofrecían bebidas, jugos, frutas típicas,  y almojábanas. Daba la impresión que ellos no vendieran mucho, pero a pesar de todo no se veían descontentos.

 Llevábamos cuatro horas de viaje, cuando nos detuvimos en un “restaurante” en el camino hacer pausa, allí nos sentamos nuevamente al aire libre y nos sirvieron un opulento menú; con sopas de costillas, carne en bistec con papa y ensalada fresca, jugo natural  y al final un café caliente un poco endulzado. Con el precio que pagamos por esa comida en Colombia, con eso no se hubiera  podido pagar ni siquiera una ensalada en Alemania, aquí si que nos hubiera tocado poner una buena suma.

De la carretera principal nos desviamos y tomamos otra carretera la cual una parte es una pista de arena y la otra es una trocha,  la cual nos dirigía al interior del país. En esta dirección nos encontramos con varios desvió, por causa de la construcción de la carretera y en muchas ocasiones nos tocaba pasar por zanjas para dejar pasar a los otros vehículos que venían en sentido contrario.

Aquí se cambia el panorama nuevamente. Entramos a lo que le llaman „zona ganadera“ , a veces  las vacas se encontraban en plena carretera, donde los campesinos sentados en su caballos trataban de reunirlas. Los caballos no eran de raza pura pero, se veían muy bien, tan bien que daba alegría observarlos. La tierra estaba seca, sin embargo, los animales  siempre tenían donde satisfacer su sed, ya que en algunos lugares se encontraban depósitos de aguas.

 En esta zona, se encuentran árboles que llamaban la atención, no solo por sus flores de color amarillo sino que sus hojas también eran amarillas y en parte del panorama sobresalían por los lunares que formaban. Nuestro conductor no nos pudo decir el nombre de estos árboles, pero éstos tienen un parecido a los que en África se llaman “Flamboyen Trees”  .

En el camino no se encuentra ninguna señal de transito ni aviso, que nos indicara el camino a el cual nos dirigíamos, pero el conductor nos llevo rápido, sano y salvo a nuestro destino con hematomas en varias partes del cuerpo.

Después de habernos tragados tres horas de polvo, llegamos a „El Banco“, donde Archi nos informo que hasta allí terminaba el  viaje y nos despedimos. Allí no sabíamos todavía como continuaba el viaje.

Curiosamente observaba el rió Magdalena, el cual en ese punto tiene una anchura de mas o menos de 600 mts., cuando de repente vi una cáscara de nuez, donde estaba escrito el nombre “Ambulancia” que se acercaba a nosotros. Nosotros fuimos recibidos por Gelbia Maria Garcia Mozo, Directora del Hospital de San Martín de Loba y su tesorera Lucy, con quienes ya por correo electrónico habíamos tenido contacto. 

Media hora viajamos con la lancha. A la orilla del rió se observaban  chozas y pequeños caseríos. A la llegada tuvimos que subir tres metros por unas escaleras ya que el nivel del rió estaba muy bajo. Estando allí pensé que ya habíamos llegado a San Martín, pero estaba equivocado, lo que nos esperaban eran una cantidad de jóvenes con motos, los cuales eran los “taxis”, que nos llevarían al pueblo. Uno de ellos me preguntó si tenia miedo de subirme a su moto, pero yo creo que el tenia mas miedo que yo por mi contextura y lo único que yo dije fue, dale, dale.

Por fin llegamos a nuestro destino,  “San Martín de Loba”, después de haber esquivado varias veces cerdos, gallinas y burros.

San Martín de Loba , la aventura

Nos hospedamos una noche donde el Notario, una de las personas con mas influencia en el pueblo. La habitación que nos asignaron, tuvo que ser desocuparla de las pertenencias de su ocupante, antes de que nos instaláramos en ella.  Después nos fuimos a dormir al otro día al hospital. Las calles en San Martín de Loba, no están pavimentadas, solamente las que están mas altas tiene un poco de cemento.

El mismo día que llegamos, hicimos nuestro primer recorrido por el pueblo, el cual tiene 12.000 habitantes. Las casas son solidas y de un solo piso excepto la alcaldía, la iglesia y el hospital. 

Al siguiente día en la mañana, tuvimos una reunión en el hospital, con la directora y algunos pacientes. Después continuamos con otra reunión con  los representantes oficial del pueblo, donde presentamos nuestro proyecto, a fin de que se diera su aprobación,  quedando todo plasmado en un acta que fue firmado por todos los que participaron.

Para remodelar el hospital y hacer una nueva construcción para hospitalización y diagnostico, se tiene que asegurar la infraestructura, eso significa el abastecimiento de la electricidad y el agua. Muchos prometieron ayudar.   

Entretanto se esta haciendo un pozo, para el abastecimiento de agua potable.

Nuestro recibimiento fue con grupo folclórico, los cuales vestían trajes tradicionales, con muchos coloridos;  interpretaron su música típica  como “cumbia”.

Al otro día, viajamos a El Banco, donde se hizo el  concepto y los planos del proyecto del hospital .

El permiso de construcción fue concedido por las autoridades competentes, un mes después de nuestra salida del pueblo. Gracias al pueblo de San Martín de Loba, el terreno se encuentra preparado para comenzar la nueva construcción.

  

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Mi tiempo libre lo pase con algunos niños del pueblo. Siempre que me sentaba afuera en la terraza de la casa, enseguida me rodeaban hasta 15 niños, en edades más o menos entre 6-7 años. Estos no habían visto nunca un blanco, mucho menos uno semejante a mi.

Yo comencé a enséñales y a contar los números en alemán. Después me pidieron que les cantara una canción alemana y les cante “el pequeño juanchito”  (la mas conocida y antigua canción para niños alemanes). Canción que no había cantado desde hace 25 años.

 
Los niños me recompensaron de la manera que me  acompañaban en el coro y con su mirada expresiva que para mi era una alegría.

 Nosotros fuimos tan cordialmente recibidos, que no nos sentimos nunca como extranjeros.

Yo no me sentí en ninguna momento en peligro.

Todos compartieron con nosotros,  incluso lo que ellos no tenían.



Lleno de impresiones y un poco taciturno, regresamos a Barranquilla. Yo pienso que a cada uno le quedo sonando en la cabeza lo vivido.

Usted me preguntara “quienes somos nosotros”? Nuestro grupo de viaje esta compuesto por: Hans-Joachim Kraeft, su esposa Noemí y yo.

Así como esa mirada de los niños quedo grabada en mi mente, así debemos darles una oportunidad.

Rogamos a ustedes a que nuestro proyecto se haga realidad.

Clausthal-Zellerfeld, den 06.04.07

Dr. med. L. von Gerstenbergk-Helldorff
 


 
   
   
   
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